Hacía mucho tiempo que rondaba por mi cabeza.
Pero si con alguien quería hacerlo era con Rosa. La otra chica, me daba igual. Eso sí, prefería que fuera de su gusto.
Y por fin llegó el día.
Yo llegué el primero. Como un buen caballero. Rosa llegó a continuación.
Como las habitaciones se contratan por horas, fuimos subiendo. Rosa estaba tan hermosa como siempre pero esta vez por mi cabeza rondaban otros pensamientos: ¿será guapa? ¿disfrutaré yo? ¿disfrutarán ellas?
Una vez en la habitación, Rosa me dijo que fuéramos empezando nosotros. Y a Rosa no se le puede negar nada. Cuando llevábamos unos minutos en la cama, llamaron a la puerta. Y ante mí, apareció María.
Como la película de Robert Mitchum : “Cara de ángel”. No era la típica cara guapa. Era mucho más. Tenía esa cara de no haber roto un plato en su vida pero a la vez desprendía una sensualidad que hizo que mi cuerpo ardiera en muy pocos segundos.
Por esa época no era de los chicos que buscaran chicas “delgadas”. Unos pechos “generosos”, un cuerpo muy bien moldeado. Y cuando se dio la vuelta vi uno de los mejores traseros que he visto en mi vida. Echó por tierra todos mis gustos sobre las mujeres.
No sé como estaría ella. Yo estaba como un flan. Pero tardó muy poco en quitarme los nervios.
Se metió en la cama y empezó a besar y a meter mano a Rosa. Ellas ya lo habían disfrutado antes y eso ayudaba.
Soy un bicho raro. Las escenas lésbicas no me suelen excitar mucho pero aquello era distinto. Y más cuando María empezó a besarme. Rosa tampoco se quedó quieta y entre las dos hicieron conmigo lo que quisieron.
Las besé y me besaron. Las devoré y me devoraron. Exploré todos sus rincones. Unas veces las dejaba a ellas y disfrutaba mirándolas. En otras muchas deseaba tener más manos.
Había estado antes con 2 chicas. Pero más bien había sido un duplex.
Aquel día fue un trío. Con todas las letras. Se entregaban en cuerpo y alma. Se las veía disfrutar. No pensé que saldría vivo de allí de tanto éxtasis.
Cuando nos marchábamos, le pedí su teléfono. Se marchó y pensé que, seguramente, no volvería a verlas juntas.
Afortunadamente, me equivoqué. Eran amantes.
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