Llegué el primero, como casi siempre. Tras un paseo por esas preciosas calles llegó Sejo.
Y Topo, poco después.
Llevaba varios tetrabriks de zumo de piña. Está siempre en todo. Nos los bebimos para endulzar un poco nuestro néctar y fuimos desfilando hacia nuestro destino.
Una vez que estábamos en el piso me dejaron pasar a la habitación de las chicas y poder entregarles los bombones que les había llevado. Los bombones estaban dentro.
Mis queridísimas MaríaG (que era una sorpresa) y Rosa Amor. Y las chicas que no conocía: Anna y Rebeka.
Las saludé y ya me empezaron a entrar escalofríos. Hacía mucho pero mucho tiempo que no veía un cuerpo tan espectacular. Todas lo tienen pero Rebeka me quedó sin habla. Sus fotos, no sacan ni la cuarta parte de lo hermosa que es.
Salí como pude de allí y me uní a los chicos. Poco más tarde, comenzó la fiesta.
Champán o cava (hace ya más de un año de aquello) y fresas. Las chicas nos las ofrecían de la forma más sensual, de su boca o de su ombligo. Nos tomamos alguna copita para brindar (y además brindaron por mi cumpleaños) y eso fue mi perdición.
Nos trasladamos a la planta de arriba, ya sin ropa, y comenzó lo que todos buscábamos.
A Rebeka no la dejaban ni a sol ni a sombra como era lógico. A las demás, tampoco, pero estaban “un poquito” más libres.
Y conocí a Anna. Había una cama libre y la aproveché con ella. Lástima que la tenga tan lejos. Pude disfrutar con ella en varias posturas.
Después llegó algo que llevaba esperando mucho tiempo. Rosa se puso encima de mí y así estuvimos poco tiempo hasta que llegó otro compañero. Los chicos siempre decimos que no nos fijamos pero era imposible. Pensé que “aquel” miembro nos atravesaría a Rosa y a mí pero afortunadamente no fue así. Rosa lo disfrutaba y yo, viéndola a ella, más aún.
Tras un ligero descanso, volví a las andadas. Anna estaba de nuevo “libre” y de nuevo estuve con ella.
Y ahí terminó la fiesta para mí. Empecé a sentirme raro y encima, “mi amigo” se echó a dormir.
Disfruté viendo lo que quedó de la fiesta y tras una ducha, nos fuimos a cenar. La cena consiguió que volviera a ser yo y además tuve el placer de charlar bastante tiempo con Anna. Encantadora, es decir muy poco.
Despedida y vuelta al hotel.
Anna y Topo, dos personas maravillosas.
Mi queridísima Princesa, más de lo mismo. Aunque tuve que esperar un tiempo para comprobarlo.
Conclusión, el champán y yo somos incompatibles.
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