Madrid. Caían chuzos de punta. Tuve que comprar hasta un paraguas pero nada iba a impedir que pudiera llegar a mi destino.
Fuenlabrada. No conocía a nadie salvo a Rosa (eso pensaba yo) y a Sejo a través de email. Dentro del local, nos fuimos presentando nosotros aunque, la verdad sea dicha, a mí me importaban ellas.
Después de alguna cervecita fueron apareciendo las protagonistas. 5. Y me fijé que conocía a otra. María, aunque aquí tenía una "G" añadida. Jamás me la hubiera imaginado allí pero, con una simple sonrisa, consiguió que desapareciesen mis nervios.
Unos consejos y/o advertencias de Sejo (tardaron muy poco en incumplirse) y empezamos al lío.
No sabía por donde empezar pero fue sencillo.
Es imposible ver a Rosa en el suelo, a cuatro patas, y no lanzarte. Y si encima tiene el mejor culo que he podido ver y disfrutar jamás, con más razón.
Después fui a por Michelle. La más joven de todas. Brasileña. Sobre un sofá, encima de ella, pude disfrutar un buen rato porque la verdad es que era incansable aunque pude comprobar después que no era la única.
Ni pensé qué chica quería que se llevase mi primera descarga. Le tocó a la rubia. A Marta. Sobre otro sofá y a cuatro patas, disfruté mucho sobre todo con sus jadeos hasta que no pude aguantar más.
Toallita, cervecita y cigarrito. Un merecido descanso.
Volví y otra vez a disfrutar. Ya dije que es imposible no lanzarte pero volví a ver a Rosa a cuatro patas y mientras ella le hacía disfrutar a otro compañero, no lo dudé un momento y repetí con ella.
Después vino lo que siempre había soñado. MaríaG estaba disfrutando encima de otro chico y me llamó. Cuando entendí que quería que la penetrásemos los 2 a la vez me fue imposible rechazar tal invitación. Eso sí, no fue tan sencillo como en las películas que tantas veces había visto. Sobre un sofá, la posición era un poco incómoda pero me dejé llevar y fue inolvidable.
Y para terminar, me di cuenta que no había ni saludado a Eva. Tampoco la conocía pero eso no fue impedimento para que directamente, la diese la vuelta en el sofá y practicásemos un griego como nunca antes lo había hecho. Le encanta y a mí también. Cuando no pude aguantar más, se dio la vuelta y le regalé todo lo que me quedaba en su boca. Ella agradecida no dejó ni una sóla gota.
MaríaG me avisó poco después que se estaba terminando. Más tarde, tomando alguna otra cerveza, cambié impresiones con ella. No era la misma con la que había disfrutado en algún trío junto a Rosa. Afortunadamente.
Aunque eso pude comprobarlo en los siguientes bukkakes en los que participé. O en los que participaré.
Como el de mañana ...
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